En el ser humano la experiencia de una emoción generalmente involucra un conjunto de cogniciones, actitudes y creencias sobre el mundo que utilizamos para valorar una situación concreta y, por tanto influye en el modo en el cual se percibe dicha situación.
Según Jean Piaget, de los siete a los once años, los niños adquieren la capacidad de realizar operaciones mentales con los objetos que tienen delante. No pueden aún hacer generalizaciones abstractas pero se dan cuenta de la reversibilidad de algunos cambios físicos y de las posibilidades del pensamiento para detectar relaciones entre las cosas. Las normas dejan de ser vistas como cosas reales que tienen su origen en una autoridad absoluta y exterior -los adultos- y comienzan a basarse en el respeto mutuo entre los compañeros de juego, los iguales. De aquí surge la noción de la convencionalidad de las normas o reglas de los juegos, que son vistas como productos de acuerdos entre los jugadores. Surgen sentimientos morales como la honestidad -necesaria para que los juegos funcionen- y la justicia. El respeto a las normas se deriva del respeto al grupo y la necesidad de un cierto orden en el mismo para el mantenimiento del juego, sin embargo, la aplicación de estas normas y de los conceptos y sentimientos morales es poco flexible. Las normas no son ya cosas, pero siguen estando ligadas a las cosas y situaciones concretas, probablemente porque la capacidad intelectual de los niños no ha llegado aún al desarrollo del pensamiento abstracto y de la generalización.
La formación del hombre dentro de un espacio social, le ha permitido realizar construcciones dirigidas hacia las normas, los valores y los patrones de comportamiento, conllevándolo a una mejor adaptación y socialización en el medio que habita. A través de ellos, principalmente el niño, debe desarrollar en forma adecuada los procesos de adaptación puesto que es indispensable que él sea capaz de manifestar sus sentimiento y específicamente sus emociones en su entorno y en su contexto, estos elementos son de vital importancia para la estructuración de su personalidad y del cual dependen de las relaciones interpersonales que establece con su entorno.
En este devenir de interacciones, interdependencias y juego de roles, además de la interculturalidad, los niños aprenden socialmente patrones de conducta, a través de diferentes formas de expresión, (oral, escrita, gestual, gráfica y simbólica). La educación se da en tres diferentes tipos de comunicación que son los mas conocidos como son. La educación formal, la educación informal y la educación no- formal, la educación informal es aquella que se da fuera de la escuela con las amistades, con los amigos, con la familia, etc. es por ello que en este Blog se abordarán las emociones y sentimientos de los niños de una manera divertida y fuera del contexto educativo, como una forma de identificar, caracterizar, analizar e interpretar la realidad de los niños y actitudes que se manifiestan en contextos sociales.
Desde este punto vista es relevante destacar el papel que desempeñan las emociones de los niños, convirtiéndose en el elemento fundamental de interacción que posibilita su socialización en los diferentes contextos y situaciones, la identificación, en una variedad de formas emocionales, y es además la herramienta más eficaz para que el niño desarrolle habilidades sociales que le permitirán la resolución de conflictos de una manera más asertiva, así como el tener mayores y mejores relaciones interpersonales, autoestima, aceptación y formas de convivencia, y de esta forma, un mejor rendimiento dentro de la Escuela.
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